vino

Bendita saudade

Fiel a su perenne carácter melancólico, Oporto respira apacible entre copas de vino, tradición y poca o ninguna prisa por alcanzar una falsa modernidad. El Duero besa hoy sus orilla igual que lo hacía en tiempos de los griegos, moldeando un espíritu abocado sin remedio a vivir sin obsesiones. El lienzo de esta hermosa ciudad lo ocupan el queso y el vino de las terrazas del barrio de la Ribeira, las bodegas inglesas de Vilanova de Gaia -su hermana al otro lado del río-, locales históricos como el Café Majestic o el Guarany, la librería Lello o el Palacio da Bolsa. El viejo tranvía sobrevive como puede -pero sobrevive- mientras la apuesta por el arte encuentra su lugar en la Casa do Música o la Fundación Serralves. Parece que nada ocurre, que la humedad del río tiñe todo de saudade, la melancolía portuguesa. Y es posible que así sea. Pero, en cualquier caso, bendita saudade. (+)