Bilbao

Bilbaínos por bulerías

Como cada jueves, Casimiro Amaya –el Tío Moro– se afloja el nudo de la corbata, se arremanga, coloca el CD y aprieta el ‘play’. Empieza la clase. Suena Niña Pastori, percusión a cajón y cimbreo de cuerdas flamencas. Sonríe a los alumnos colocados frente a él y asiente con un ¡ole! profundo, uno puro y gitano, con denominación de origen.

Es la señal para que arranquen las palmas. Y arrancan. Los pupilos fruncen ceño y afinan la concentración al máximo, con la mirada fija en sus propias manos. Plas, plas, plas, plas. Siguen el ritmo, pero les falta salero y les sobra tensión. Aunque es normal. No llevan ni tres meses asistiendo a clase. Poquito tiempo cuando es la primera vez que se tiene contacto con los ritmos flamencos. Además, no son trianeros, ni de La Caleta. Esto es Txurdinaga. Bilbao. ¡Ole!

El curso de palmas para payas y payos es una iniciativa de la asociación sociocultural gitana Kale dor Kayiko (en caló ‘Gitanos del mañana’), cuyo trabajo en este barrio bilbaíno se remonta a finales de la década de los 80. “Llevamos más de 20 años dando a conocer nuestra cultura y fomentando la educación del colectivo gitano”, explica Casimiro. “Y ahora, con el curso de palmas ¡nos hemos hecho famosos!”. El Tío Moro sonríe, abrumado aún por todo el revuelo mediático que se formó cuando el año pasado alguien en la asociación lanzó medio en broma la pregunta: ¿y si montamos clases de palmas sólo para payos? La cosa, cuando menos, sonaba rara. Así que se lo tomaron con humor. Como ellos mismos explican, se les presentaba un doble reto: primero, el de enseñar a dar palmas a payos; y segundo, ¡a payos del norte! El caso es que diseñaron carteles, los colgaron por todo Bilbao y el teléfono no paró de sonar. Payos para inscribirse y televisiones para entrevistarles. Un éxito imprevisto del que se sienten aún tan sorprendidos como orgullosos. Arrancaron en octubre y se han inscrito 25 personas. Las clases se imparten tres días a la semana (martes, jueves y viernes), en grupos reducidos y con una hora de duración.

Casimiro dirige a los palmeros con ímpetu, vestido como un pincel. Es gitano bilbaíno y con pedigrí flamenco: su abuelo era primo del abuelo de Carmen Amaya, mítica bailaora y cantante. Y aunque creció dando palmas por las calles jamás pensó que algún día se convertiría en profesor. “Como es natural, al principio se les atraganta un poco el ritmo, porque no es nada fácil para alguien que nunca lo ha hecho. Pero como todo en la vida -apunta el profe- la práctica te hace perfeccionar la técnica”. Alumno a alumno, el Tío Moro corrige posturas –¡la mano más plana Espe!–, rectifica el repiqueteo –¡entras tarde Patxi!–, les alienta –¡eso es Aurori!– y marca las pautas para seguir el ritmo de los diferentes palos: la bulería, los tangos, la rumba… todo un patrimonio musical que Kale dor Kayiko quiere acercar a los payos. Para la asociación es una oportunidad de tender puentes entre culturas. Casimiro resume esa filosofía: “Para respetar, primero hay que conocer”.

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LING magazine (hard copy) July, 2012 PDF

 

Orlando Duque

Es el rostro conocido de un deporte aún minoritario y poco popular. Se llama Orlando Duque, es colombiano, y se ha pasado 30 de sus 40 años lanzándose al agua desde las alturas. Duque paseó su carisma por la ría de Bilbao durante el certamen del Cliff Diving World Series 2014 de Red Bull a su paso por la capital de Vizcaya. En el puente de La Salve, con el museo Guggenheim de telón de fondo, y desde una plataforma situada a 27 metros de altura sobre el agua, los saltadores echaron un pulso a la física con piruetas imposibles. Un pulso a la gravedad y uno, también, al miedo. Al final, Duque terminó 6º, pero el triunfo, como reconoce el colombiano, es salir del agua de pie y caminando.

“Le tengo miedo a vivir sin haber logrado lo que me propuse en la vida. Para mí es más valioso vivir haciendo lo que me gusta en vez de vivir pensando de qué me voy a morir.”–Orlando Duque