La hija del petróleo

No hace mucho tiempo, la capital de Azerbaiyán se vanagloriaba de producir la mitad del petróleo del mundo. La fiebre del oro negro comenzó a finales del siglo XIX y aquel pistoletazo de salida significó también una brusca transformación de la ciudad. La muralla del viejo Bakú dejó de tener sentido, y más allá de sus límites se multiplicaron las opulentas mansiones y villas de los hombres de negocio; pero también barrios suburbiales sin apenas planificación urbanística. Durante un siglo, Bakú no pudo sacudirse la etiqueta de ‘Ciudad Negra’. Y le ha costado lo suyo.

Hoy, esta urbe de más de dos millones de personas, situada a orillas del mar Caspio, no sólo se ha modernizado ha pasos de gigante sino que se encuentra en plena tarea de reconstrucción estética. Los estímulos no faltan —este año Bakú será la sede de los primeros Juegos Europeos— ni, por supuesto, el dinero para las inversiones —el petróleo y el gas no dejan de fluir—. En los últimos años se han renovado los antiguos edificios de estilo neogótico y barroco que los barones del petróleo levantaron inspirados en el estilo de Londres, París o Bruselas; y junto a ellos, se han construido nuevas estructuras de diseño futurista, como el centro Heydar Aliyev o las Flame Towers. En poco tiempo, lo que en su día fue la capital más antigua de la industria petrolera mundial ha experimentado un lifting integral, convirtiéndose en una urbe moderna, lujosa y de una arquitectura inimitable.

Sin embargo, pese a toda la opulencia y la modernidad, Bakú conserva casi intacto el cordón umbilical que lo une a su Historia y que nace directamente en la Ciudad Vieja, İçəri Şəhər en idioma azerí. Una vez se cruza el muro arranca un entramado de calles estrechas y adoquinadas, con casas de pocas alturas, construidas en piedra, igual que las mezquitas, los baños y los viejos caravanserai, cuyo origen medieval se respirar en infinidad de rincones. Es una delicia vagar por este laberinto sin coches y toparse de repente con el Palacio de los Shirvanshah o la Torre de la Doncella, el icono de la vieja Bakú. La Unesco decidió en el año 2000 que todo el recinto amurallado de la ciudad fuese inscrito como Patrimonio de la Humanidad. Es muy fácil entablar diálogo con las decenas de vendedores que esperan su oportunidad apoyados fuera de sus tiendas de artesanía o con la venta ambulante; o encontrar un rincón tranquilo en un Çay Evi, una casas de té, o en un jardín, como el Vahid. Las torres y murallas de defensa, de los siglos XI y XII, el minarete Synyg Gala, los viejos caravanserai Multani y Bukhara, y las casas de baño Hajji Gayyib o Gasimbey forman parte de la colección de piezas históricas que ofrece este museo al aire libre. La Ciudad Vieja es, sin duda, el lugar ideal donde hospedarse.

baku_11 baku_07

Para visitar la zona renovada, la Bakú moderna, hay que salir del recinto amurallado y moverse en taxi, aunque también es buena opción viajar en metro. En pocos minutos se llega al Centro Cultural Heydar Aliyev (Metro Nariman Narimanov), un imponente museo y sala de ceremonias basado en un diseño de curvas hipnóticas del arquitecto Zaha Hadid. Otro tesoro de la arquitectura contemporánea es el MIM, Museo de Arte Moderno (calle Yusuph Safarov, 5), diseñado por Jean Nouvel, y que contiene una extensa colección de obras de artistas azerbaiyanos post-80. A poca distancia de allí está el puerto de Bakú, desde donde arranca el paseo marítimo, Bulvar, uno de los principales puntos de encuentro y de ocio de toda la ciudad. Familias, músicos callejeros, grupos de amigos y parejas deambulan frente al Caspio durante todo el fin de semana. Las mayores atracciones de esta zona son el Muğam Centre (Neftçilər Prospekti, 9), un centro dedicado a la promoción de la música azerí, el Teatro de títeres, ubicado en un edificio de 1910 de estilo renacentista, y el nuevo Museo Nacional de la Alfombra (avenida Netchilar), que acaba de estrenar nueva ubicación y edificio. El arquitecto de esta estructura con techo en forma de alfombra enrollada es el austríaco Franz Janz y el museo exhibe más de 13.000 piezas, que incluyen, además de alfombras y tapices, trajes tradicionales, telas, cerámica, vidrio y joyería.

baku_15 baku_23

Por las anchas avenidas que vertebran la zona de extramuros se respira modernidad y dinero —mucho dinero, en ocasiones—. Al otro lado del paseo marítimo, a lo largo de la avenida Neftçilər prospekti, se exhibe el lujo de altos vuelos. Pared con pared se suceden las sucursales de Dior, Gucci, Tiffany, Armani, mientras sobre el asfalto los todo-terrenos Mercedes con cristales tintados ya les han ganado la partida a los viejos Lada. De vez en cuando ruge un Lamborghini. En este área se respira el aroma del oro negro. Y como el lujo se filtra rápidamente por las capas freáticas del oil bussiness, la ciudad recibe a sus huéspedes en alfombras rojas que conducen hacia el Marriott, el Hilton o el Fairmont, este último, ubicado en las Flame Towers. Las tres llamas de acero y cristal de 190 metros de altura se han convertido en el emblema de la nueva Bakú. El ejemplo más evidente de la transformación de esta ciudad.

 Publisher Release date Link
Lonely Planet Traveller (hard copy) March, 2015 PDF

 

 

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *